4 Hermanos Brasileños son adoptados por una pareja de Norteamericanos

Una pareja estadounidense logra la adopción de cuatro hermanos huérfanos de Pernambuco, Brasil, buscando mantenerlos unidos. Este tipo de historias son las que nos llegan al corazón, y nos hacen sentir una gran esperanza en la humanidad.

Los amorosos padres adoptivos, Brandon y Jennifer Pratt, de  North Liberty (Iowa), han pasado por infinidad de protocolos burocráticos por bastante tiempo. ¡No lo podían creer cuando por fin les dieron la aprobación de la adopción!

Cuatro hermanos adoptados:

Los cuatro hermanos huérfanos, de entre 2 y 6 años, estaban alojados en un pobre orfanato cristiano, oculto en un lejano camino de tierra, en Paulista, Brasil. Este es un municipio en el estado de Pernambuco, a 17 km de Recife, ciudad capital. Cuenta con unos 350.000 habitantes.

Los chicos estaban bastante sanos, tomando en consideración las circunstancias en las que vivían, donde el abuso y el maltrato estaban a la orden del día. No tenían educación, ni siquiera en su lengua nativa, el portugués. Leandro, el mayor, ya estaba desarrollando una personalidad “inteligente de la calle” al tener que mendigar en la calle para sobrevivir.

El concepto de una relación familiar normal con una madre y un padre cariñosos estaba más allá de su comprensión, especialmente para los dos niños más pequeños. Pero entonces, sus vidas dieron un giro de 180 grados.

La madre biológica de los niños había perdido la custodia por negligencia. Lamentablemente, ésta es una situación común en muchos lugares de sur-américa. Sólo en Brasil, más de 48 mil niños y adolescentes viven en refugios, según el Consejo Nacional de Justicia. De estos, solo unos 9 mil niños y adolescentes son llevados al Centro de Adopción Nacional, por lo que tan solo un 18% del total están legalmente habilitados para encontrar una familia.

Una pareja amorosa que luchó hasta el feliz final.

“Creemos que es sencillamente asombroso lo que sucedió”, dice Brandon, recordando el tedioso proceso burocrático, insoportablemente largo y costoso. Muchas veces se tornaba desgarradora la situación por la que  Brandon y Jennifer pasaban, al perseguir una adopción internacional durante  tres largos años. Esto aunado a las diferencias culturales y del idioma, hizo el proceso realmente complicado.

“Nos habían ofrecido una familia de cuatro hermanos jóvenes, supuestamente sanos, pero que nadie quería adoptar”. “Simplemente supimos que serían nuestros hijos cuando vimos la foto por primera vez”, dice. “Fue un milagro de Dios”.

Sin embargo, esa euforia temprana se convirtió en una realidad cuando los Pratt llegaron a Brasil en octubre pasado. Pasarían 58 días llenos de desafíos, conociéndose y conviviendo con los chicos, mientras trabajaban en los trámites oficiales, en un país extranjero.

Admiten que, después de la primera semana, casi se dan por vencidos.

“No fue culpa de los chicos”, aclara Jennifer. “Es sólo que nos enfrentamos a niños con hambre, con problemas bucales, piojos, enfermedades, problemas de comportamiento, etc. El idioma no ayudaba a entenderlos. Fue un inicio muy difícil hacia la paternidad”.

“Triplicar el tamaño de tu familia de la noche a la mañana puede ser agobiante, bajo cualquier circunstancia”.

“Pasar de repente, de no tener hijos, a tener cuatro pequeños que estaban enfermos y no podían decirnos lo que les duele porque ninguno hablaba  inglés, fue horrible”, dice Brandon.

“De paso, estás en un país extranjero con una terrible atención de salud pública”, continúa. “No pudimos comunicarnos con los médicos, ni siquiera pudimos conducir, y viajar en transporte público con unas 400 personas en un autobús no era opción. Intentamos cocinar en la pequeña cocina que teníamos, pero ni siquiera podíamos leer las etiquetas de nada.”

“Cuando salíamos, nos preocupaba que los niños decidieran correr en cuatro direcciones diferentes”, dice Jennifer. “De hecho, estuvimos en modo de supervivencia durante dos meses”.

Finalmente, de alguna manera las cosas mejoraron.

“Sin darnos cuenta, nos convertimos en expertos en controlar a estos niños portugueses”, dice Jennifer. Se hizo evidente que los “pequeños cavernícolas”, como ella se refería amorosamente a ellos, se dieron cuenta de que algo positivo estaba sucediendo.

Los ánimos se levantaron cuando la hermana de Jennifer y su marido, un jugador de fútbol profesional de Brasil, se unieron a ellos durante una semana, apoyándolos. “Ellos podían conducir y comunicarse por nosotros, y finalmente podíamos salir a comer a un restaurante”, dice Brandon.

“Nada significa más problemas que Leandro”, bromeó Jennifer en un post. “¡Este chico tiene seis años y pareciera de 26! Coquetea con chicas tres veces más grandes que él y ha experimentado los duros golpes de la vida, más de lo que cualquier niño de 6 años debería. Rezo para que una vez que lleguemos a casa, disfrute de salir con niños de su edad.”

Llegó el gran día!

Papeles de aprobación de adopción, visas y pasaportes finalmente en mano, la familia concluyó con una semana de turismo en Río de Janeiro. Para entonces, ya se habían dado cuenta de lo poco que habían vivido sus hijos. Los chicos nunca habían visto de cerca puertas automáticas, un secador de manos en un baño o un avión. Y estaban bastante asombrados por la tecnología moderna.

Cuando llegaron al aeropuerto del este de Iowa el 22 de diciembre, con nieve en el suelo, comenzó el primero de sus nuevos y maravillosos descubrimientos en este país norteamericano.

“Salieron corriendo por la nieve en chanclas”, dice Brandon. “Sabían de la nieve pero no tenían idea de que hacía frío. Tuvimos una rápida pelea de bolas de nieve de 45 segundos antes de que se dirigieran al coche para calentarse.”

Ahora, después de sólo unas semanas en North Liberty y tres fiestas de cumpleaños después, los chicos Pratt se están adaptando bien. Leandro, de 7 años, y Cristiano, de 6, están en la escuela de la Primaria Wickham. Enzo, de 4 años, está en preescolar y William, de 2 años, está en casa con Jennifer.

“No sabían nada de inglés, pero ahora pueden entender casi todo lo que les decimos, aunque todavía no lo hablen”, dice Jennifer. “Nos han dicho que lo hablarán con fluidez en seis meses”.

“Ahora nos llaman “mamãe y papai”, que es madre y padre en portugués”, añade. “Tendrán doble ciudadanía con los Estados Unidos y el Brasil, y queremos que estén orgullosos de su país”.

Una familia feliz que no se detiene

Brandon creció en Iowa City y es un empresario en el negocio de los restaurantes, entre otros intereses de desarrollo. Conoció a Jennifer, una chica de granja de Jesup, mientras ambos eran estudiantes en la Universidad de Northern, Iowa, y se casaron en 2003.

La pareja dice que su fuerte fe cristiana y el apoyo de la familia y los amigos los mantuvieron centrados durante el proceso de adopción. Ese grupo de apoyo, incluso, recaudó 2.000 dólares en contribuciones locales. Dinero que se utilizó para comprar ropa de cama, toallas, sandalias y otros artículos de primera necesidad para los 18 niños que aún quedaban en el orfanato de Paulista.

Esta aventura continúa. Las pequeñas cosas hacen que los días agotadores valgan la pena, como la emoción de los chicos de ver las palomitas de maíz por primera vez. Brandon ya los está preparando para la vida.

Por la noche, siempre besaba a los chicos en la cabeza y les decía que los amaba, dice Brandon. “Entonces una noche, Leandro dijo: Buenas noches papá, te amo”.

“El resto siguió del mismo modo, y ahora sentimos que somos realmente una familia feliz.” Concluye Brandon.


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