El amor es lo más importante: Una familia adopta a un niño con síndrome de down. Él valió la pena.

Cada adopción es única. Esta es una lección de amor y perseverancia. Dedicamos esta historia a todas las familias interesadas en adoptar, que están esperando la llegada de su hijo, o esperando esa bendición en cualquier circunstancia.

En la Universidad, tenía dos sueños – ser voluntaria fuera de mi país y ser profesora de educación especial. Con persistencia y serenidad podría conseguir las dos. En el verano de 2008, tuve la oportunidad de ser voluntaria en la Organización de Servicios de Soporte para Orfanatos en Ecuador, trabajando con niños con necesidades especiales. En ese momento pensé que sería la mejor experiencia de mi vida, pero eso me probó que lo que realmente quería era adoptar.    

Cuando Dax y yo hablamos del futuro juntos, el sabía que yo quería adoptar en algún momento y él también estaba emocionado con la idea. En 2017, con ocho años de casados, dos hijos y un perro comenzaron a pasar una serie de coincidencias que nos hicieron pensar que era el momento indicado para hacerlo – y buscar una adopción con necesidades especiales. Trabajar con gente con discapacidades ha sido una de mis grandes pasiones, y siento que es natural que quiera que mi familia sea bendecida con un precioso chiquito en esas circunstancias. Sabíamos que la crianza tendría desafíos, pero también queríamos esa bendición para la familia, así que saltamos a ese objetivo con los dos pies.

Mi tío David tenía síndrome de down y fue la primera persona que me enseñó a mirar más allá del empaque. Él era un fanático del programa “El precio es correcto”, de ir en triciclo al trabajo, y de dar un fuerte masaje a cualquier alma valiente. Mi tío David tenía la capacidad de impactar positivamente a todos los que conocía, incluyéndome.

Mientras definíamos que tipo de necesidades especiales estábamos dispuestos a considerar para nuestra adopción, mi corazón se sintió llamado por un niño con síndrome de down. 

He sido una ferviente seguidora de Heather Avis (madre adoptante con 3 hijos, de los cuales 2 tienen síndorme de down), y cuando definíamos si adoptaríamos un niño con síndrome de down, me gané  el libro de Heather “The Lucky Few” en el que cuenta sobre su experiencia con la adopción, y fue la inspiración que necesitabamos para decidirnos por la adopción de un niño con síndrome de down. 

Una vez nos decidimos por adoptar, el primer paso fue escoger una agencia. El reto era conseguir una agencia que tuviera experiencia con adopciones de niños con necesidades especiales. Afortunadamente nos orientaron a la Red Nacional de Adopciones con Síndrome de Down, y a la agencia Adopción De Ángeles Especiales. Estas dos entidades ayudan a encontrar niños con síndrome de down susceptibles de ser adoptados. Las dos instituciones fueron muy importantes porque respondieron todas nuestras preguntas, y nos entregaron informacion de cada paso a seguir para hacer el mejor proceso posible. El siguiente paso fue, como “vender nuestras almas” en las reuniones, llenar muchos papeles y unos meses después teníamos toda la documentación necesaria, así que en enero de 2018, éramos oficialmente “una familia en espera”. 

Esperar puede ser difícil, pero esperar para adoptar es especialmente difícil. Es como estar embarazado sin fecha de parto ni idea alguna de la edad de nuestro hijo. Siendo una persona que ha planeado tener un hijo con necesidades especiales y conociendo las implicaciones médicas que eso conlleva, sentía que estaba lista para levantar las manos y ondear la bandera blanca. Fue complicado planear vacaciones o cualquier cosa porque podríamos recibir “la llamada” en cualquier momento diciendo vengan por su hijo.

Terminamos mudándonos tres veces durante nuestra espera y con cada mudanza teníamos que hacer actualización de nuestros documentos en la agencia de adopción, lo que tomó algunos meses. 

Durante el proceso, recibimos mucho apoyo de la familia y amigos, pero a pesar de su interés en nuestra adopción a veces era difícil. La adopción es un tema que se presenta en muchas conversaciones, especialmente preguntas como: cómo va el proceso de adopción? o han sabido algo?, a las que respondimos por mucho tiempo: “Estamos esperando” con una sonrisa forzada, tratando de ocultar la desilusión de nuestros brazos vacíos. Y así estuvimos por casi un año y medio, que vivimos como una eternidad. Tuvimos muchas revisiones de nuestras historias, citas médicas, revisión de documentos oficiales, visita domiciliaria, cartas de recomendación, perfil familiar, pagos y mucho más. 

Aunque pareciera que teníamos todo listo, seguíamos dando nuestras batallas en silencio. Nuestra adopción estaba fuera de nuestro control, por completo. Teníamos la esperanza de crecer nuestra familia y tener un nuevo hijo en nuestros brazos. Pero era difícil ver a nuestros amigos persiguiendo a sus hijos en el parque porque queríamos eso para nosotros y no podíamos hacer nada para acelerarlo. 

La mayoría del tiempo estaba bien con la espera y me sentía llena de fe en que las cosas funcionarían cuándo y cómo debían ocurrir. Otros días, soportaba en silencio esta prueba de paciencia así que me daba la oportunidad de sentir el dolor. Lo que aprendí de todo esto es que las pruebas de la vida nos hacen crecer. Sabíamos que algún día recibiríamos esa llamada y cuando ocurriera podríamos mirar hacia atrás y entender que todo había valido la pena. 

Llegamos a un punto en el que nos sentimos cansados de poner nuestra vida en pausa así que decidimos hacer planes para visitar a mis padres. Pasamos el 4 de julio celebrando, visitamos un criadero de caballos de carreras y vimos fuegos artificiales con los niños. Poco después, supimos que el 5 de julio nuestro mundo se sacudiría de la mejor manera posible. 

Mis papás ofrecieron cuidar a los niños para que Dax y yo pudiéramos tomar un tiempo de descanso, tomar un masaje y relajarnos. Imagínense lo que sentimos cuando encontramos muchas llamadas perdidas y mensajes de texto de la agencia en nuestros teléfonos. Buscamos un lugar silencioso para devolver la llamada, y nos enteramos de que nuestro hijo llegaría tres semanas después. 

La llamada fue algo así como: “Hola, me alegra que hayan podido tener un descanso. Felicitaciones! Tenemos un niño para ustedes. Inmediatamente me puse a llorar oyendo esas palabras que espere por tanto tiempo. En la misma conversación, ella dijo nació esta mañana … en California.” Teníamos muchas emociones, una enorme gratitud y un completo shock, por decirlo de la mejor forma. El resto de la llamada no la tenemos muy clara. Nos encontramos con mis papás y los niños, les contamos la buena noticia con más lagrimas de felicidad y nos pusimos a trabajar en la logística. 

Mis padres se quedaron con los niños y el perro por el tiempo necesario para que fuéramos por nuestro bebé. Dax y yo nos devolvimos a Atlanta para empacar y buscar el vuelo más próximo a California. Escogimos como nombre, Sawyer David, en honor a mi tío David. En esos dos días mi cabeza volaba tratando de coordinar toda la logística, sentimientos, y descifrar que esperar cuando llegáramos. Era loco pero emocionante al mismo tiempo. Poco dormimos pensando en la reunión con la familia de origen y en cómo, todo esto cambiaría nuestra vida. 

Con menos de 4 horas de sueño y un vuelo de 5 horas encima, Dax y Yo manejamos al hospital para conocer a Sawyer. No sabíamos que esperar pues los derechos parentales no habían terminado y no estábamos seguros si nos dejarían verlo, pero queríamos intentarlo. Sawyer estaba en la sala cuna con siete bebés más. Nos mostraron a nuestro niño, y las lágrimas de amor y gratitud por el hijo que recibíamos no se hicieron esperar. Nació tres semanas antes de tiempo con algunas complicaciones que implicaron una cirugía así que tuvo monitores y cables pegados a él por un tiempo. La primera vez que lo tuve en mis brazos las enfermeras nos hablaban de su historia clínica, y francamente, no oí casi nada de lo que dijeron porque solo miraba sus ojitos dormidos y su cabeza llena de pelo. 

Sawyer pasó 3 semanas y media en el hospital recuperándose de la cirugía. Dax tuvo que volver a trabajar así que estuve con Sawyer hasta que pudimos volar a casa a reunirnos con el resto de la familia. Aunque llegamos a medianoche, Dax y los niños estaban esperándonos para una feliz reunión. Nuestra primera foto familiar fue tomada después de la una de la mañana, y a pesar de lo cansados que estábamos, nuestros corazones estaban llenos. 

El resto, es historia o historia en desarrollo. El primer cumpleaños de Sawyer está a la vuelta de la esquina, y estamos asombrados de lo sencillo que ha sido todo. Estamos muy agradecidos con esta bendición de poder hacer parte de su historia. Aunque fue difícil y largo, lo repetiríamos 100 veces más. Él valió la espera. “     

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