Encontrando las piezas faltantes, Qué pasa cuando los hijos adoptivos se vuelven padres ?

Este artículo de The Washington Post del 1º de mayo de 2020 escrito por Hannah Grieco llamó mi atención pues nunca había pensado en este tema. Muy seguramente porque mis hijos son menores y todavía no hay novios, menos esposos o embarazos en el futuro próximo. Pero después de leerlo me imagine en esa situación, cuando mi hija esté embarazada (espero que en muchos años) y yo no tenga ni idea que decirle pues nunca estuve embarazada, ni en un parto, ni con un bebé de un día … tampoco había reflexionado sobre como a mis nietos les impactará desconocer sus antecedentes médicos familiares como me pasa a mí con mis hijos. Pero bueno, todo esto hace parte de la realidad de las familias del corazón y este artículo nos da más herramientas para andar por el caóticamente hermoso camino de la vida con hijos del corazón.

Encontrando las piezas faltantes: Qué pasa cuando los adoptivos se convierten en papás ? La adopción puede ser un asunto delicado. El espectro de experiencias de un hijo adoptivo es inmenso, y la conversación frecuentemente es dominada por los padres adoptantes que guardan consigo profundos temores sobre las pérdidas de sus hijos.

Pero es importante incluir y tener en cuenta la perspectiva de los hijos adoptivos, especialmente sus sentimientos y los asuntos que llegan cuando los adoptivos se hacen padres.

Preguntas sobre la historia familiar y cultural pueden salir a flote, cuestiones médicas y la experiencia en el rol de padres nos llevan a preguntarnos: quién soy en realidad ? seré capaz de criar a mi hijo con estas piezas faltantes ?

Fui adoptada cuando tenía 4 meses de edad en una adopción cerrada a través de una agencia local. Mis padres adoptivos me lo contaron muy temprano, encuadrando la historia en que ser adoptado era mejor en muchas formas, que vivir con padres biológicos. Cualquier puede tener un bebé y ellos me escogieron a mi. Ellos siempre quisieron un hijo, y mi madre biológica era muy joven. Ella trató de cuidarme y después decidió renunciar a sus derechos parentales.

Las primeras dos décadas de mi vida me sentí como un miembro más de la familia. La adopción se trataba ocasionalmente, usualmente por mi propia curiosidad y mis papás se sentían cómodos hablando de eso. Ellos respondían mis preguntas con honestidad y dedicación.

Una parte de mi sentía un hueco que era difícil de llenar. Nunca me conecté con ser hija adoptiva, sufría de ansiedad y confianza, pero así crecí y me hice adulto. Siempre estuve segura de que quería tener hijos biológicos -concebirlos, gestarlos, darlos a luz-. No sabía por qué necesitaba eso o por qué me sentía tan sola y con dificultades para confiar en los demás. Sabía que necesitaba llenar ese vacío, encontrar las piezas faltantes.

Mi primer embarazo fue duro, difícil y todo era nuevo, para mi mamá y para mí. Ninguna de nosotras había estado embarazada antes. Yo resentía el interés de mi mamá en mi experiencia y con frecuencia lo mantenía en privado y cerca a mí, evitando compartir, actuando a la defensiva y a veces poco amigable.

Lo que ahora parece natural y comprensible yo lo sentía como invasivo y controlador. Era mi bebé, mi parto, mi vida. Sentía mucha ira dentro de mí, que crecía y se profundizaba. Después de dar a luz, esa ira se volvió un apego casi animal con mi hijo recién nacido. Difícilmente dejaba a mi mamá o a otro que lo cargara.

Todavía es difícil explicar mi respuesta emocional cuando lo vi por primera vez, sentí un lazo como una marea, más grande y poderosa que enamorarse. Como si algo me hubiera faltado toda la vida y me estuviera dando cuenta en ese momento.

“Tener un hijo biológico puede revivir la experiencia de perdida de un hijo adoptivo.” Dice Susan LaVinga, trabajadora social clínica de Olney (Maryland, U.S) quien trabaja con estos casos. “La adopción es un proceso de por vida, y convertirse en padre suma una capa a su complejidad pues hace que los adoptivos revivan o piensen por primera vez en las perdidas que han tenido con la adopción.”

Sentí un dolor muy profundo cuando conocí a mi bebé y eso complicó la enorme felicidad y conexión que él me trajo. Si yo siento este amor, cómo es que mi madre biológica no lo sintió igual ? Era yo poca cosa para amar ?

Melissa Guida-Richards, adoptada y madre, recuerda el mismo complicado espectro de
emociones. “Sentí una felicidad inimaginable, pero también mucha tristeza.” Dijo ella. “Alzar a mis bebés y darles de comer, creó un vinculo tan fuerte entre nosotros que me cuesta mucho procesar como mi madre biológica me tuvo en su barriga 9 meses y después me dejó ir.”

Para muchas mamás e hijas adoptivas, esa pena es nueva, algo que ellas no entendían hasta que quedaron embarazadas. Nuevas formas de pensamiento acerca de la adopción frecuentemente aumentan las emociones que se experimentan durante el embarazo y el parto.

El embarazo de Elli Edelin estaba lleno de anticipación y sanación. “Amo a mis padres (adoptantes) inmensamente, pero mi corazón con frecuencia duele por la familia que nunca conocí.” Dice Edelin. “Es una vida en la que no tenía voz pues no hice parte de ella. Creo que todas las adopciones tienen un trauma. Separarse de la familia, de la persona que te sintió crecer adentro, es traumático. Tú extrañas ese latido del corazón, el olor, el lazo innegable. Durante el embarazo, en todo lo que podía pensar era que iba a conocer a mi primer pariente de sangre.”

Algunos hijos adoptivos conviven con el ingrediente adicional de las adopciones internacionales, con las pocas oportunidades de buscar a su familia biológica o encontrar informacion relacionada con su historial médico o su ancestro cultural. Mi adopción fue doméstica y tuve la oportunidad de conocer a mi padre biológico e informarme para tomar decisiones respecto del cuidado médico de mis hijos. También me ayudó para navegar los caminos religioso y cultural como madre.

Hijos adoptivos de otros países encuentran calles cerradas en sus búsquedas y sus historias médicas y culturales están fuera de su alcance. Esto hace que las decisiones medicas sean complicadas y que tengan un impacto en el sentido cultural y la identidad racial cuando se hacen padres.

“Yo lo añoré, pero la familia extensa podrá ayudarme a enseñarle a mis hijos sobre su cultura Latina”, dice Guida-Richards. “Extrañé crecer sin raíces latinas ya que fui adoptada por una familia blanca.”

Vivir esas emociones nos permite movernos hacia adelante como hijos adoptivos y padres. Y la experiencia poderosa de tener a nuestros hijos nos ayuda a acercarnos a nuestra familia adoptiva.
En la medida que me calmé en mi rol de madre, he visto a mis padres convertirse en excelentes abuelos. Su devoción y paciencia con mi hijo han borrado mi ansiedad; y su emoción y apoyo me ha hecho entender lo mucho que los amo y cuánto quiero que estén en nuestras vidas.


Muchos hijos adoptivos encuentran similitudes en ese sentido de alivio que experimentan cuando son padres, aunque no en todos los casos han vivido esa necesidad de cierre, dice Kelly Hufnagel, quien ahora ve su adopción de una forma más simple y positiva.


“Mis padres fueron muy abiertos con mi adopción cuando crecí. Siempre fui tratada como parte de la familia, nunca de forma distinta a mi hermana, quien es su hija biológica.” Dice Hufnagel.

Ella consideró adoptar un hijo, pero con su esposo descartaron el plan por las cargas financieras.
Así que disfrutó su embarazo, y su única preocupación sobre la adopción y la maternidad, fue en los temas médicos. “Cuando visitamos al pediatra de mi hijo y nos preguntó sobre los antecedentes médicos, me sentí muy mal porque mi hijo solo tiene la mitad de su historia
médica.”

La mayoría de médicos de salud mental concuerdan en decir que las dificultades que viven los hijos adoptivos dependen de sus experiencias, la edad de adopción, la naturaleza de la misma (abierta o cerrada), el número de cuidadores que tuvo entre el nacimiento y su ubicación final, el tipo de cuidado que recibió por su familia adoptiva y más. Los efectos de lo anterior impactarán su paternidad en mayor o menor grado.

“El rango de impacto en la paternidad puede ir de algo mínimo a muy significativo, dependiendo de muchos factores.” Dice Alison Gardner, una psicóloga clínica de McLean (Virginia, US) “Sin embargo, los hijos adoptivos frecuentemente experimentan una capa más de aprecio, gratitud y conexión con sus hijos.”

En la medida que mi hijo creció, y tuve dos hijos biológicos más, ese dolor adentro, esa agonía que no podía entender se encogió a una sombra de lo que fue. Mi conexión con mis hijos es profunda y curativa, lo que me ha permitido confiar y amar a mi esposo y a mis padres adoptivos. Es más, bromeamos con que ahora no estaré sola nunca, y nunca me he vuelto a preguntar si puedo ser amada, no con estos niños que siempre quieren un abrazo, siempre quieren a su mamá. Ya no siento que algo falta, ya no hay hueco que llenar.

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