Hace un tiempo no me sentía muy convencida con la adopción por parte de aspirantes homosexuales. Es muy posible que ese sentimiento fuera alimentado por la información que nos dieron al llegar nuestros hijos. Cuando pudimos conocer los antecedentes familiares de nuestros hijos y nos contaron un poco sobre sus historias personales, algo que me conmovió profundamente fue el mensaje de esas mujeres que los tuvieron en sus barrigas y que decían que en ese momento no estaban en capacidad de tenerlos con ellas, que se encontraban solas y que querían una familia con papá y mamá para hacerse cargo de ellos. Para esas mujeres era importante que la familia estuviera formada por un hombre y una mujer. Seguramente por la concepción tradicional de familia, el hombre proveedor macho pecho peludo y defensor de su familia junto a una mujer que los cuida y da amor a todos.
Las legislaciones del mundo han venido ajustando sus preceptos para admitir la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Es el típico caso en el que la realidad deja rezagada a la norma; sin embargo, todavía hay países que la proscriben.
Los estados comenzaron a permitir la adopción igualitaria en la primera década de este siglo. En Holanda se acogió la adopción igualitaria de nacionales en 2000 y de extranjeros en 2005, en Suecia fue en 2003, en España en 2005, Bélgica en 2006, Uruguay y México en 2009, Argentina y Brasil en 2010, en Francia fue en 2013 mientras que Colombia lo hizo en 2015, en Chile lo pueden hacer personas solteras pero no como pareja homoparental y en países como Bolivia continúa prohibido.
En Colombia por ejemplo, la Corte Constitucional fue la que dio paso a la adopción igualitaria el 3 de noviembre de 2015 con el argumento que el derecho a la familia de los niños debe ser protegido no habiendo razón genérica para desestimar la petición de adopción de menores por personas o parejas homoparentales. En lo que la Corte insistió, es en que todos los interesados en adoptar deben adelantar el proceso legal de adopción, cumpliendo todos los pasos y presupuestos. Además, depositó en las autoridades administrativas y judiciales encargadas de instruir el proceso de adopción, la identificación de las familias que puedan proteger el interés superior de los niños y ayudarles a conseguir su desarrollo integral.
Pues bien, estoy convencida que la capacidad para dar amor y comprometerse con un hijo no es cuestión de género ni preferencias. Es más bien, cuestión de corazón, ganas y posibilidades de dar un hogar sólido, amoroso, presente y feliz a un niño que necesite una familia.
Adiós a los prejuicios y que vivan las familias reales.
Sueño con que todos los niños tengan una familia que los llene de amor y les ayude a conseguir su pleno desarrollo.

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