Hay cosas que solo nos pasan a las familias por adopción pues solo se presentan en nuestra realidad. El desconocimiento de los antecedentes médicos familiares y el parecido físico, o mejor, la falta de éste, hacen parte de ese grupo de cosas que nos pasan. En ese mismo grupo, hay asuntos “en pausa” pues desconocemos si van a pasar. Uno de esos es, la búsqueda del origen. Y digo que es un asunto “en pausa” porque no siempre hay ese interés, así que no puede ser tenido como regla general. Hay casos en los que los hijos adoptivos no quieren conocer su origen y otros en los que su búsqueda se convierte en una obsesión. Todo depende de cada persona y nada podemos hacer para que ocurra de una u otra manera. Solamente nos queda esperar a ver si nuestros hijos quieren emprender esa búsqueda y, en mi opinión, acompañarlos en ese desconocido camino que seguro nos enriquecerá como familia y nuestros hijos valorarán.
 
Tampoco sabemos si la familia de origen está interesada en hacer ese contacto o tener esa relación, pues así como hay quienes recuerdan el evento y sueñan con saber cómo ha sido su vida y cómo se encuentran, hay casos en los que han decidido pasar esa página y continuar su historia. Todas las opciones son posibles, válidas y respetables.
 
¿Quién conforma mi familia de origen? ¿Porqué razón fui dado en adopción? ¿Tengo hermanos biológicos? ¿A quién me parezco físicamente? son posibles interrogantes para las personas adoptadas y eventualmente seremos nosotros, su familia, los receptores de esas preguntas.   
 
En estos días me encontré un artículo sobre este tema. Es la historia de una persona buscando su origen y como la suya hay muchas. Unas en las que la búsqueda no ha acabado, otras en las que se dio el encuentro y ya, y casos en los que se ha entablado una relación. Esta es tan solo una en ese
universo, la de Scott Pyke.   
 
Pyke es un canadiense de Nueva Escocia que fue adoptado y buscó sus orígenes hasta encontrarlos, para lo cual no solo se inscribió en un grupo de Facebook, sino que se hizo dos pruebas de ADN.


 
Tarde una noche en su apartamento de Halifax, Scott Pyke abrió una puerta que nunca podría volver a cerrar. Con valentía y frustración se unió al grupo de Facebook de “Adoptados de Nueva Escocia”. 
 
No quería ser como otros, dice Pyke: “Comencé a leer esas historias en las que la gente trataba de encontrar a sus familias … Y todos estaban muertos”.
 
Esa noche de diciembre de 2018, Pyke posteó solamente la información que tenía en su perfil básico de la adopción, es decir, el lugar, la fecha de su nacimiento y su apellido original. Solo sabía que su mamá era blanca y su papá una mezcla de razas. 
Al mes siguiente, Pyke aplicó para tener más informacion sin tener una fecha cierta de respuesta y, después de tres meses de espera, decidió intentar a través de un análisis de ADN gratuito para casos de adopción, pero éste no le dio mucha información. Así que pagó $129 a Ancestory.com y seis meses después, el resultado era muy solido. Alguien en la base de datos compartía una gran cantidad de secuencias de ADN con Pyke, y fue cuando él comenzó a interesarse más por encontrar su origen. 
 
Pyke llamó a Teresa MacEacher de Antigonish, quien venía ayudándolo de tiempo atrás. Ella se ha dedicado a acompañar a familias a reencontrarse y disfruta haciéndolo, al punto de identificarlo como su hobbie. Cuando Pyke le contó a MacEacher el nombre de la persona que coincidía con su ADN, ella recordó haber estado en el Colegio con esa persona en Antigonish, lo que sin duda era una impresionante coincidencia.
Ella le dijo, ¿Eres tu?”, a lo que Pyke respondió, “A qué te refieres con que si soy yo?”, y ella siguió, “No lo vas a creer, pero tu familia biológica te ha estado buscando por más de 30 años.”
 
La combinación del ADN daba como resultado a Theresa Brewster, quien vive en Cabo Breton. Theresa es tía biológica de Pyke, hermana de su padre biológico. Después de hablar con MacEacher, Pyke estaba muy emocionado, nervioso y asustado. Decidió llamar a Theresa y se presentó diciendo “Yo creo que tu sabes quien soy yo”. Ella le preguntó su fecha de nacimiento y cuando él se la dijo, ella comenzó a llorar.
 
Theresa le preguntó si había tenido una buena vida y él le respondió que sí, que había tenido un buen hogar. Hablaron por 45 minutos, y después ella se comunicó con el padre biológico de Pyke quien también vivía en Cabo Breton, para contarle las noticias.
 
Pyke conoció a su padre biológico, Pat Brewter, el pasado octubre. Aunque estaba muy nervioso todo se calmó cuando comenzaron a conversar. Había mucho arrepentimiento de parte de Pat, quien le contó que cuando Pyke nació, él tenía 16 años y aunque supo del embarazo solo se enteró de la adopción tiempo después. Pyke se ha visto con la familia de su padre biológico y han tenido conversaciones agradables. No ha pasado lo mismo con su madre biológica, aunque con ella también ha hablado.
 
Pyke dice que muchas reconexiones no son de lágrimas alegres y abrazos largos. Puede que algunas personas no quieran tener ese contacto o puede que algunos padres biológicos no sepan de la adopción.
 
Hasta ahí el artículo de Scott Pyke que como ya mencioné, es un caso de muchos que hay con diferentes finales. Pero si hay un común denominador en la búsqueda de orígenes, y es, que todas esas historias se presentan en las adopciones plenas y cerradas, es decir, en aquellas en las que la se impide conservar la relación con la familia de origen y que se manejan de manera reservada. En Colombia, por ejemplo, la adopción es plena y cerrada, en Estados Unidos y otros países la hay abierta o cerrada, plena o simple. Lo cierto es que en la adopción abierta no hay estas historias porque el adoptivo siempre sabe que fue adoptado y que tiene una familia de origen a la cual conoce y con la que posiblemente mantiene una relación. Cuál es el mejor escenario ? Cuéntennos
sus conclusiones.

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