Después de esperar lo que se haya esperado, llega un día en el que por fin te avisan que tu hijo está listo para llegar a casa. Ese día con el que tanto has soñado finalmente llega y te das cuenta de que no estás preparado. Porque solo ese día te enteras, que es una niña de ojos negros y piel blanca que tiene 7 meses y medio y toma Similac en su tetero. Antes de ese día no podías comprar camisetas, pijamas, pañales, teteros, nada.

Así que, debes poner especial atención en: 

– Cosas que debes comprar,

– Cosas que puedes conseguir con familia o amigos,

– La rutina de tu hijo,

– Las necesidades especiales de tu hijo (alguna dieta específica, medicamentos, formula especial),

– El Pediatra y otros médicos de apoyo

Entre las cosas que vas a necesitar seguramente está lo más básico como la fórmula de leche, cremas, jabones, los pañales, la ropa, los teteros, y el esterilizador. Puede que tu familia o amigos te puedan ayudar a conseguir una cuna o corral, coche, tina o bañera mientras consigues los de tu hijo.

Aparte de las cosas que necesitarás, es importante que tengas clara la rutina diaria de tu hijo. Si hace siestas, a qué horas, horarios de alimentación, horas de dormir, horas de estimulación o juego.

Finalmente, planea con tiempo quién será el pediatra de tu hijo. Es bueno hacer una visita al pediatra cuando llegue tu hijo. El podrá revisar sus vacunas y hacer un chequeo general. Además, te podrá hacer recomendaciones a seguir que sin duda te servirán, especialmente en esos primeros días. 

Todo lo anterior es importante pero lo más importante de todo es que tú te prepares. Acuérdate que solo si estás bien tu hijo estará bien. Duerme y come bien, trata de conservar tu rutina de ejercicio y actividad física.

La recomendación que hacen en estos casos es que los papás pasen tiempo con sus hijos, que se den espacio para conocerse, interpretarse y adaptarse. Es muy posible que la institución en la que estuvo tu hijo antes de llegar a casa tenga altos estándares de higiene y salubridad así que respeta las instrucciones que te hayan dado acerca de las visitas de amigos y familia. Así como el recién nacido, el niño que llega de una institución está en un medio sin exposición a agentes y factores externos; exponerlos de buenas a primeras a todo lo nuevo no es recomendable. Date tiempo y dale tiempo para acostumbrarse a su casa, su espacio, papá, mamá, y poco a poco a la familia extensa y amigos.

El click

Llega tu hijo y mueres de amor. Es un amor cuidadoso y vigilante. A mí se me olvido dormir, comer y cualquier otro tema que no fuera ella -no lo recomiendo pero me pasó-. Mi hija de 7 meses y medio estaba con gripa cuando llegó, no quería comer mucho y tenía fiebre; así que dejamos el sueño a un lado por unos días y nos dedicamos con mi esposo a cuidar a nuestra princesa. No puedo decir cuándo pasó pero sí puedo decir que un día mi amor dejo de ser cuidados y vigilante y se volvió un amor lleno de ganas de ponerla al día con la vida. Son muchas las razones que me hacían pensar eso pero la más importante era saber que pasó sus primeros siete meses de vida institucionalizada. 

La noticia

La llegada de mis hijos ha sido muy particular. Me avisaron de mi hija un domingo a las 6 de la tarde. Yo estaba en una finca con amigos, cuando sonó mi teléfono y era la Directora de la Fundación para contarnos de nuestra hija. Me acuerdo que nos dijo, “es una niña de 7 meses y medio, ojos negros y grandes, piel blanca, y necesita una mamá.” La emoción era enorme y queríamos salir corriendo por ella. Pero tuvimos que esperar dos eternas noches y un eterno día, antes de tenerla con nosotros. El lunes nos ocupamos de conseguir todo lo necesario para que nuestra hija estuviera en la casa. Los pañales, ropa, pijamas, leche, teteros, esterilizador, cuna, bañera; a las 8 de la noche teníamos todo en la casa con la ayuda de la familia y los amigos. El martes, fuimos por ella acompañados de la familia y amigos más cercanos.

En el caso de nuestro hijo, nos enteramos en una comida con mucha gente, en la que habían preparado “la llegada de la cigüeña” para una familia de aspirantes. Desde que dijeron eso yo le dije a mi esposo, no puede ser que seamos nosotros y me comenzaron a dar muchos nervios. En algún momento de ese confuso y emocionante momento nos dijeron que la cigüeña había llegado a nuestra casa. Fue algo muy abrumador porque todas las personas nos felicitaban, algunos lloraban con nosotros y yo pensaba, esto es en serio o me lo soñé. Pero, así fue. 

La fiesta en el cielo

Los nacimientos son eventos felices, sin duda, y los más cercanos a mi han sido muy felices. Pero lo que sentí el día que llegaron mis hijos no se compara con nada. Es un momento tan conmovedor y emocionante que supera lo terrenal. Yo estoy segura de que cuando llega un niño a una familia que lo espera con tanto amor hay una fiesta en el cielo. Los hijos del corazón son tan queridos y esperados que su llegada es celestial.

El empate

Por algún tiempo sentí la necesidad de dedicarme completamente a mis hijos. Lo decía constantemente, quería “ponerlos al día con la vida”. Sentía que estar institucionalizados los ponía en desventaja. Cuando mi hija mayor llegó a la casa con 7 meses y medio de edad, no emitía ningún sonido ni se movía casi. Me sorprendía que teniendo fiebre no llorara ni mostrara incomodidad. Cuando le pregunté a la psicóloga si podía existir alguna razón me contestó que era normal pues había convivido con su propio silencio durante siete meses. Esa respuesta estuvo en mi cabeza un buen tiempo y por eso nos dedicamos a que vivan intensamente su niñez. Yo decidí dejar de trabajar por fuera y comencé a ocuparme de ellos desde hace casi 6 años. Hoy, me siento tranquila sabiendo que he podido estar con ellos cuando llegan del colegio, cuando se enferman o se sienten tristes y también cuando pasamos felices haciendo planes juntos. Hoy siento que están empatados con la vida.

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